miércoles, 8 de abril de 2026

La cárcel | Cuando todos dicen que me quieren ayudar

Estoy cansado. Muy cansado. Harto de unos y de otros. De gente mezquina que se enfadan por no dejarme llevar.

Dicen que me quieren ayudar.

Me hablan de su hermana, su prima o su cuñada la solterona como si fueran mi salvación.

Sin embargo, conociendo de mí mismo, sé que no se equivocan y me quieren confundir.

Si me dejase arrastrar, no podría viajar a las montañas del Pirineo cuando quisiera.

Ni coger la mochila para desaparecer durante largos años en ese fin del mundo donde no se atreven a ir.

Si me uniera a la hermana, la prima o la cuñada solterona, se quedarían con mis pertenencias.

Mi mochila iría a la basura o a utensilio para cargar de verano en la playa soportando a la familia.

Mi dinero dejaría de ser mío y tendría que pagar las deudas que no son mías.

Si a mi pareja le dijera que coja la mochila que nos largamos de viaje, su amenaza caería sobre mí.

Disfrutar de la vida sería una sueño inalcanzable capado por el entorno familiar y las amistades.

¿Qué hay más peligroso que eso?

La mujer en mi contra y mis recursos a su servicio y no al mío.

La madre, el padre, la hermana, la comadre y hasta el compadre se levantarían en armas contra mí.

Vida de mierda en una cárcel inamovible protegida por las leyes conyugales frente al supuesto delincuente.

Por supuesto el que delinque es el que se va, o sea yo, que me quiero ir a disfrutar de la vida.

Si quiero poner fin a la unión para irme a otro lugar y crear otra familia a mi conveniencia, sufro la inquisición.

Como le dije a mi hermano, soy de esos hombres que prefieren una relación distinta cada semana.

No soy de tener una plasta paseando por mi casa impidiendo que pueda transitar libremente.

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