Qué es lo que pudiese
encontrar en tu mirada,
cuerpo y mentalidad de niña
que torna volverse mujer,
comprensión de una vida
que lucha por hacerse ver.
Ya me hablaba la noche,
en la mesa de aquel bar,
soñando en aquel sitio
con ansiedades hacia otro lugar.
Y a tu marcha todo queda fijo,
sujeto a una misma regla,
con la mirada al frente,
frente a la misma tosca bandera.
Atrás van quedando en nosotros,
antiguos sueños de juventud,
que se pierden en las sendas
como clavados en una cruz.
¿Quién soñó con un príncipe azul?.
¿Quién soñó con una princesa en sedas?.
Ya no hay príncipe azul
ni princesa que a nosotros venga.
Muchacha de ojos de fuente,
bien sé por lo que se lucha,
frente a lo omnipresente
mera furia la tuya.
Ya no hay blancas simientes,
sino grises coyunturas,
que plagan la tierra
llenándola de alegrías,
o tristes amarguras.
Bien quisimos escapar,
encontrándonos plenamente hundidos,
mirando locos la loca Luna,
o durante el día,
escondidos en las espesuras
sin paz ninguna.
Y en adelante,
las promesas predichas
se tornan como el mar,
jugando con nosotros un día,
y al otro ataca queriéndonos tragar.
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